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En estos tiempos, las formas de consumo de libros y  los hábitos de lectura han cambiado bastante. Pero lo que siempre perdura es el placer que brinda la lectura. Una infinidad de mundos posibles que se despliegan en nuestra imaginación. 

El 24 de agosto se conmemora el Día del Lector, en homenaje al nacimiento del escritor argentino Jorge Luis Borges, que cumpliría 124 años, considerado uno de los más grandes escritores argentinos y es reconocido alrededor del mundo por su obra literaria.

La obra de Borges es fundamental en la literatura y el pensamiento universal. Además de ser objeto de minuciosos análisis y múltiples interpretaciones. Entre sus escritos aparecen ontologías fantásticas, genealogías sincrónicas, gramáticas utópicas, geografías novelescas, múltiples historias universales, bestiarios lógicos, éticas narrativas, matemáticas imaginarias, dramas teológicos, invenciones geométricas y recuerdos.

Además de reconocer la obra y trayectoria de Borges, en este día también se celebra la práctica de la lectura. La ley tiene el objetivo de “promover la lectura y la democracia a través de la realización en dicha fecha de actos de divulgación de las letras y de reconocimiento a la obra y trayectoria de la máxima figura de la literatura nacional”.

Para sentirnos más cerca de este día, hablamos con Héctor Berenguer, escritor y poeta rosarino, gestor cultural, quien comienza diciendo “en primer lugar, para mí, la lectura es fundamental, pero hay varias lecturas, hay muchas lecturas. En primer lugar, la lectura que yo considero lectura, es cuando uno puede encontrar al otro a través de la escritura. O sea, el primer encuentro es pasar en limpio al otro y llegar a un encuentro con el otro. Si no, la lectura sería nada más que fonemas y cualidades que se consiguen rápido en este mundo. La verdadera lectura es ponerse en lugar del otro, vivir en la imaginación del otro, recuperar al otro, sacarlo de lo anónimo y darle una identidad. La lectura es, primero… pasar en limpio la información, darle el sesgo de nuestra personalidad no como apropiación o como rapto, sino como entendimiento mucho más que cognitivo, como participación activa del otro en nuestra propia vida”.

Entonces, aclaró “la lectura puede tener dos fases, la de la erudición, donde uno busca el conocimiento y en ello la forma de ganarse la vida, etcétera, la forma de comportarse educadamente en la sociedad y otra fase más profunda que es el conocimiento que lleva a la sabiduría, o sea, un conocimiento de la imaginación activa, un conocimiento creativo de las cosas que implican la intuición, procesar el conocimiento a través de la escritura, de la pintura, de las artes, y llevarlo al entendimiento. Ese entendimiento amplía nuestra conciencia y mejora nuestra convivencia con los demás y, por supuesto, ayuda a aliviar la carga de la vida a las personas. Otra cosa es el estado ágrafo de las personas y la lectura para salir de ese estado innominado donde la gente no entiende ni siquiera los textos”.

Respecto de las recomendaciones de lecturas, comentó que “siempre hay un componente subjetivo en las lecturas de lo que a uno le gusta, y entonces por carácter transitivo uno recomienda lo que a uno le gusta. El primer libro que a mí me conmovió en la vida fue ‘El Quijote’, por lo tanto no he acabado de leerlo todo el tiempo porque es como las capas de una cebolla, cada vez que voy andando en la lectura se van ampliando las posibilidades. O sea, que la lectura es una gran lectura. La lectura es desde los libros que tropezamos en la primaria, desde las cartas que escribimos, los primeros esbozos de poder expresarnos ante las demás personas. El descubrimiento del otro viene a partir de la propia escritura y de la propia lectura. Cuando uno se empieza a percibir como ser humano, empieza a percibir también a los demás”.

“El descubrimiento de la propia humanidad lo trae la lectura, sin duda. Si no seríamos como autistas, incapaces de descubrir al otro en sus posibilidades. La lectura promueve la condición humana, en primer lugar, promociona la existencia de los demás seres humanos como diversos, plurales, y como parte de su propia mismidad, no como deseos personales. Y si tengo que recomendar libros, ya señalé uno, ‘El Quijote de la Mancha’. Ya con mi propio libro de por vida, después tengo miles de libros que podría enunciar, donde diría que puedo hacer por los demás, que no puedo hacer conmigo, porque siempre a uno le parece que a los demás le va a caer bien lo que a uno le parece bien. Pero bueno, yo creo que el Quijote, que yo lo comencé a leer de chico y no lo voy a terminar nunca jamás, porque siempre le veo cosas nuevas, es como la esencia de todas las escrituras posibles. También para mí significa, como libro, el comienzo de la modernidad en la literatura” dijo el poeta.

“Mi opinión sobre la lectura,- suma a su diálogo- sobre la escritura, que está ligado a la lectura estrechamente, es abrir el paso a un cambio permanente en la persona, a una incomodidad, a una situación donde la experiencia con la cultura rebasa los propios límites y uno tiene que ir más afuera de sí mismo, intercambiar con los otros, reconocerse en la experiencia colectiva y también ahondar en la propia mismidad para poder tener dimensiones de lo que son las personas, los mundos. Leer es todo. Nosotros estamos leyendo, interpretando, en el mundo subjetivo”.

y culmina diciendo “leer es también parte de los sueños. Es el acaecer cotidiano ante otro ser, pararse frente a ese ser y verlo desde su dimensión, desde su lugar, no como apropiación sino como lo que él es. O sea, que la lectura interactúa con nosotros en la vida. Que se me perdone mi visión existencial de la lectura, porque yo no veo a la lectura desarraigada de la vida, yo la veo ligada a la vida. Como al principio fue el verbo, y el verbo es la acción de toda la posibilidad de nuestro ser, desde los hombres primitivos y sus antiguas génesis hasta la actualidad, el hombre transformado en su creación, las cosas leyéndolas, en sus libros, en sus posibilidades, en sus tablas de barro, en sus monumentos, en sus acciones. A ella le ha seguido el desarrollo de la humanidad en el conocimiento, en las ciencias, en la literatura, pero sobre todo nos ha humanizado. A donde ha llegado la literatura ha llegado la humanidad”.

Jorge Luis Borges

El escritor, poeta y ensayista nació en Buenos Aires el 24 de agosto de 1899. Jorge Luis Borges, desde pequeño aprendió a leer en inglés por influencia de su abuela paterna y su institutriz, quienes se encargaron de su educación hasta los 9 años. 

En 1914 emigró a Europa y regresó a Argentina en 1921. Acompañado de un grupo de jóvenes tutelados por Macedonio Fernández. Luego fundó varias revistas, entre ellas “Prisma” y “Proa”. En 1923 publicó su primer libro de poesía “Fervor en Buenos Aires”, edición que sólo imprimió 300 ejemplares. En 1925, su segundo libro, “Luna de enfrente” y en 1940 “Antología de la literatura fantástica”. 

En 1944, publicó Ficciones, incluyendo cuentos como “El Jardín de senderos que se bifurcan”, con el que ganó el Gran Premio de Honor en la Sociedad Argentina de Escritores, cinco años después, publicó una de sus obras más reconocidas “El Aleph” (1949). 

En 1938, después de la muerte de su padre, sufrió un accidente que le produjo una septicemia. A partir de ese momento, su visión disminuyó. En 1956, se le prohibió leer y escribir por prescripción médica. De esta manera, aprendió a componer sus textos de memoria para luego dictarlos a sus allegados. 

En 1967 se casó por primera vez con Elsa Astete Millán, pero se divorció en 1970. En 1925, tras el fallecimiento de su madre, se casó por segunda vez con María Kodama. En 1985, Jorge Luis Borges se trasladó a Ginebra (Suiza) donde falleció el 14 de junio de 1986.