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En su afán de aventura, Hernán Busaniche, cruzó los Andes, no en un caballo blanco, pero sí realizó la misma travesía que San Martín y su ejército. “Quiero contar mi experiencia y de cómo visualizar el cruce de los Andes, por el año 1817” nos dijo el entrevistado tras algunas preguntas. 

“Por el año 1995, tuve la oportunidad de conocer al coronel Rodríguez Zia, quien preparaba, en la Junta de Estudios Históricos de Santa Fe, junto al instituto Sanmartiniano de Santa Fe, un viaje en la Cordillera de Los Andes, por el Camino de Los Patos, donde pasara la columna principal del ejército junto al General José de San Martin, en el verano de 1817. Está al sur de la Provincia de San Juan. De allí, junto a otros santafesinos, acompañados por los regimientos de infantería de Montaña, RIM 22 (Marquesado – San Juan) y RIM 16 Uspallata (Mendoza) quienes proveían de baqueanos y mulas, realizamos cinco viajes. El más importante, fue aquel que logramos cruzar a Chile y fuimos recibidos por el ejército chileno, llegando hasta la misma cuesta de Chacabuco” contó Hernán.

Para introducirnos nos explicó “en enero de 1817, el General San Martin, divide su ejército en varias columnas, que simulan cruzar a Chile. Las dos más numerosas son por el camino de Las Heras, hoy Cristo Redentor, túnel internacional (Mendoza) y el Camino de los Patos (San Juan). Nosotros recorrimos, a lomo de mula, el inhóspito Camino de los Patos. De igual manera que lo hizo el ejército libertador 207 años atrás”. 

En su relato, nos agregó “personalmente, como santafesino, tuve un encontronazo con el lugar. Pues de enero caluroso, la humedad, mosquitos, río, llanura, pasamos al desierto sanjuanino, a las heladas, nevadas, puna, viento blanco, precipicios, piedras, fuerte sol, labios y manos agrietadas y sobre todo la inmensidad de las montañas. Como argentino, me transporté en el tiempo e imaginariamente integré la columna del ejército. Pues las marchas, los lugares de acampe, las mulas silleras, las mulas cargueras, los baqueanos, todo fue similar a como lo hicieron los soldados y baqueanos. La única diferencia era que nosotros no debíamos combatir luego de cruzar la cordillera. En las largas marchas, siempre miraba alrededor en busca de algún elemento perdido, tal como los baqueanos a lo largo de los años han ido encontrando y hoy se muestran en el museo de Barreal”.

“Es de mencionar, que las marchas se realizan en fila india, por cuanto la distancia entre el primero y último se estiran. Que no se debe recorrer de noche, que las etapas comienzan de madrugada, a fin de atravesar los puntos más altos o inhóspitos no más de las 14 horas, a fin de contar con luz para acampar. Y que se acampa donde hay un río, algo de leña y protección contra el viento. Pero por supuesto, no hubo para tanta cantidad de gente. En el caso del histórico cruce, tal era la cantidad de hombres y mulas, que todo se demoraba” aclaró.

De puño y letra 

Hernán, quiso compartir en primera persona su experiencia “en mi diario de viaje, un 13 de febrero de 1998, escribí:

Amanece. Nuestro objetivo es cruzar por el paso del Espinacito, a 4532 metros de altura. ‘El lugar más alto donde pasara el General Don José de San  Martín, el lugar  más importante en su carrera militar y el lugar en que más cerca estuvo de Dios. 

Tomamos por el Río Leñas, aguas arriba, pasamos por las trincheras de San Martín y a medida que avanzamos bajo un sol fortísimo la temperatura comienza a descender.

Nos detenemos en Plaza de Vacas, a modo de ajustar cinchas y abrigarnos. El lugar es un inhóspito desierto de piedras donde el río es apenas un paso en el agua.

Ya vemos el cordón del Espinacito.

El ascenso es dificultoso, los animales se detienen y recuperan su respiración. El frío y la puna nos envuelven.

En la cima unas ráfagas de viento nos reciben e instintivamente hombres y mulas rodeamos el peñón.

El aplastamiento físico, cansancio, dolor de cabeza y descompostura se propagan como la peste. 

Comenzamos el descenso. El frío y el cansancio no nos abandonan. La pronunciada pendiente nos obliga a ir de tiro. Todo fue lento. Las mulas cargueras lo hacían más lento al desperdigar sus cargas y obligarnos a detenernos. 

Nos sentamos unos detrás del otro, el viento nos sacude, luego silencio. El sueño nos invade y es dificultoso mantenerse despierto. Los lugares piden ser fotografiados pero el cansancio no nos deja.

En todo ello, viene a mí el recuerdo de aquellos soldados, de aquellos negros libertos. Que sorprendidos por la dura noche y afectados por la puna y el frío perecieron en este mismo descenso”.

Sobre la patrulla del cruce 

La  Patrulla Andina Santafesina Coronel Jorge l. Rodríguez Zía, es una agrupación civil fundada en la ciudad de Santa Fe, en el año 1995, por el mismo Coronel Jorge L. Rodríguez Zía. Su objetivo principal es evocar la gesta sanmartiniana en su campaña libertadora, transitando los pasos de nuestro máximo prócer en su glorioso cruce de los Andes. Rodríguez Zía falleció en el año 1997 y en su memoria la patrulla lleva su nombre reemplazando el original de “Brigadier Estanislao López”. Es de mencionar que en su intensa carrera militar desempeñó los destinos como oficial subalterno y luego, jefe de los regimientos de infantería de montaña 16 y 22, con asiento en la ciudad de Uspallata (Mendoza) y la ciudad de San Juan. Esto agregado a su fuerte vocación histórica le permitieron recorrer una y otra vez las cordilleras realizando un profundo estudio del trayecto del ejército libertador, incluyendo tiempos de marcha, accesibilidad de pasos y portezuelos, ríos a pasar, lugares con pasto, agua y leña para el vivac, etc. Trabajo valioso  para dar una idea cabal y acertada de la cordillera y su cruce muchas veces mal interpretadas por  historiadores sin conocimiento de la montaña como solía decir. Así aproximadamente 40 años atrás se realizó en el Paso del Espinacito un homenaje al libertador compuesto por centenares de hombres y animales. Seguramente aquí  gestaba su idea de realizar un homenaje en conjunto con el ejército argentino y civiles santafesinos. 

Hasta el día de la fecha la patrulla lleva realizado tres homenajes en el camino de los Patos:

-El primero en el año 1996 (26-01-1996 al 7-02-1996) cuyo objetivo fue realizar un homenaje en el Paso del Espinacito, lugar más alto y simbólico de su paso. En dicho lugar dejamos una placa.

-El segundo en el año 1998 (9-02-1998 a 19-02-1998), meses después del fallecimiento del coronel. El homenaje fue realizado en el paso de las Llaretas, lugar donde dejamos otra placa junto al hito limítrofe. En el Espinacito Jorge Rodríguez Zía  (nieto del coronel) dejó otra placa pero en recuerdo de su  abuelo. 

-El tercer homenaje fue en el año 1999 (16-01-1999 al 6-2-1999.) El más completo partiendo  desde la estancia Yalguaraz hasta la cuesta de Chacabuco en Chile donde realizamos el homenaje y dejamos otra placa.